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Pintando retratos con palabras

Retrato de una persona:

Tiene pelo rubio. No es largo pero tampoco demasiado corto. Le cae muy bien y encuadra su frente con una precisión sorprendente. Sus cejas son del mismo color y sirven como techos delicados para sus ojos azules infinitos. Parecen ofrecer una invitación suave, invitándote a mirarlos y perderte allí adentro. En el medio de sus ojos lucidos e invitantes está su nariz bien formado. Sirve como un vínculo elegante entre la curva de sus cejas y la estructura bien definida de sus mejillas. Debajo de todo están sus labios. Invitan suavemente, igual que sus ojos, pero la invitación es distinta; piden un beso dulce y lento. Su mentón fuerte sirve como el base de todo, y completa la imagen de su cara bellísima.

Retrato de un paisaje urbano:

El sol ya está puesto. Son las diez de la noche y la calle está completamente viva. La luz sale de todos lados, gritando y peleando entre sí para la atención de los peatones abajo. La cacofonía de luz está complementada por la del ruido. La gente, los coches, el movimiento; todo emite sonidos y todos de ellos combinan dentro del aire cálido de la noche de estío para formar parte de la conmoción; una conmoción que es a la vez amada y odiada.

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