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Te quiero, Audi

Lo que más le echo de menos ahora es mi coche. Me dio cuenta de este sentimiento la fin de semana pasada cuando estaba en Colonia y otra vez hoy cuando estaba en un ómnibus increíblemente abarrotado. No pensaba que mi coche sería algo que le extrañaría, pero al final lo es. A lo mejor no debo estar sorprendido. Después de todo, cuando estaba en Japón lo que más le extrañaba fue la leche americana. No la leche común, sino la leche descremada, fresca y deliciosa. Pero bueno, esto es otro cuento. Regresando a mi coche…

La verdad es que cuando me dio cuenta de cuanto le echaba de menos a mi coche me dio un poco de vergüenza. Que estereotipicamente estadounidense, ¿verdad? Pero lo que al final comprendió es que no le echo de menos tanto mi coche como un objeto físico sino como parte de la cultura automóvil americana en que crecí y, por extensión, mi vida norteamericana.

Por ejemplo, cuando estaba en Colonia el viernes pasado con los estudiantes del programa de Middlebury en Buenos Aires, alquilé un cochecito con unos amigos para conducir por de la ciudad y conocerla. Lo pasamos genial, pero al final de nuestra hora de alquila el dueño de la empresa nos dijo que tuvimos que ir a una estación de gas para rellenarlo. La verdad es que estaba bastante molestado – como que ya pagamos por el cochito y yo supone que el precio de rellenarlo con gas estaría incluido. De todos modos, salimos conduciendo en busca del Esso que el hombre había recomendado.

Sin embargo, en el camino mi molestia se convirtió rápidamente en un sentido de tranquilidad. Estuvimos conduciendo en una calle, parando para los semáforos rojos, hablando sobre nada importante y yo me sentí increíblemente cómodo. Me dio cuenta después que la razón por mi tranquilidad fue la familiaridad de la acción de ir a una estación de gas con mis amigos, algo que hago muy a menudo en los EEUU.

Por lo tanto, extrañar a mi coche no quiere decir que soy un estadounidense despilfarrador a quien no le importa el estado del medio ambiente, sino que le extraño a mi forma de vida y lo familiar de ella. Es posible que la forma de vida a que estoy acostumbrado no sea la mejor, pero es mía y por eso la quiero. Por suerte podré conducir desde JFK hasta mi casa en Connecticut cuando regreso a los EEUU en julio, un paseo que estoy aguardando con mucha anticipación.

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