No es un secreto que yo tuve una experiencia un poco turbulenta acá en Argentina. Mi decisión de salir de Tucumán fue uno de las más difíciles en mi vida porque originalmente quería irme de Argentina y regresar a los EEUU. Mudarme a Buenos Aires no era una posibilidad, pero cuando mi novio me dio la idea, de pronto salir de Argentina pareció como lo peor idea en todo el mundo. Sin embargo, cuando la felicidad que acompaño mi decisión se calmó, yo me di cuenta de que aunque me sentía muy mal en Tucumán, tenía unos amigos buenísimos. En mi opinión, la parte más importante de viajar es conocer gente nueva y diferente. Por eso quiero escribir sobre mí parte favorita de mi semestre acá: mi mejor amigo en Argentina.
Lo conocí al poco tiempo de yo llegar a mi casa en Tucumán. Mi hermana francesa en la casa me presentó a un montón de personas, pero todas ellas eran mayores que yo y me sentía rara llamándolas. Una noche, mis hermanas organizaron una fiesta e invitaron a un grupo de gente a la casa para comer. En un momento, yo anuncié que quería empezar clases de Tae Kwon Do en un gimnasio cerca de mi casa, y uno de los chicos me miró con terror. Él me informó que ese gimnasio era horrible, e insistió que nosotros deberíamos ir juntos a su gimnasio para estudiar con su sabon (el entrenador).
Nosotros empezamos a juntarnos cuando salíamos de Tae Kwon Do, aunque al principio solo porque yo necesitaba ayuda con mi tarea de la facultad. Sin embargo, al poco tiempo él estaba como otro hijo en la casa porque nosotros salíamos de clase en nuestras facultades a la misma hora. Pasamos mucho tiempo en mi computadora; yo le presenté música de los EEUU y él me dio programas nuevas para arreglar los problemas con mi computadora. Cuando no estábamos en clase o trabajando, estábamos juntos, especialmente cuando yo estaba triste en las semanas antes de mudarme.
La semana antes de irme de Tucumán, él me invitó a un viaje con sus amigos católicos por el fin de semana. Pensé, no soy católica, pero ¿por qué no? No estuvo hasta la noche antes de salimos por el viaje que le dije que soy atea. Está de más decir que nosotros peleamos mucho ese fin de semana. O, quizás ‘pelear’ sea una palabra demasiado negativa; nosotros más discutimos que peleamos. Aprendimos mucho uno del otro, lo más importante es que una discusión entre un católico y una atea solo puede terminar con Tae Kwon Do.
De todos mis amigos en Tucumán él fue el que estuvo más triste cuando yo me mude, y él todavía es la única persona con quien hablo cada día. Cuando pienso sobre Argentina, siempre pienso en él primero porque en mi vida me di cuenta de que amigos buenísimos son difíciles de encontrar. Desde entonces, he estado haciendo Tae Kwon Do, y quiero continuarlo cuando regrese a los EEUU. Cuando regrese a Argentina en el futuro, voy a encontrarle y pelear de verdad. Pero una peleo de amigos, por supuesto.
Recent comments
24 min 45 sec ago
29 min 58 sec ago
1 week 1 day ago
1 week 3 days ago
1 week 6 days ago
2 weeks 2 days ago
2 weeks 2 days ago
3 weeks 1 day ago
3 weeks 4 days ago
4 weeks 5 days ago