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Bethesda

Hoy empezó como un día normal. Me levante, me duche, me cepille los dientes, y desayune. Luego, sali mi casa para asistir mi pasantia.
Mi pasantia es con una organización sin lucrado, se llama Cimientos. Cimientos es una organización sin fines de lucro, con la convicción de que la educación es la herramienta por excelencia para superar el círculo vicioso de la pobreza, y por eso, la falta de formación, y la exclusión social. Es una convicción que yo creo también, y estoy muy contento ayudar una organización como Cimientos.
Cimientos esta en la calle Uriburu, y no esta cerca de mi casa en la calle Medrano. Esta solamente dos viajes por subte, en la línea verde. Llegue a Cimientos a las diez. Después de tres horas trabajando, tuve hambre. Salí el edificio de Cimientos y camine a un sandwicheria muy cerca, en la esquina de Uriburu. Ordene un sándwich de lomito, y estoy esperando para mi comida cuando el dueño del restaurante me pregunto, "?de donde eres?" Es probable que mi acento castellano horrible da la impresión que no soy de Argentina. "Los Estados Unidos," dije. "?Que parte?" "Maryland, es un estado muy cerca de Washington, D.C., la capital" yo respondí. Con una sonrisa grande, el dueño me pregunto en un voz muy emocionado, "?Que parte de Maryland?" Respondí, con un sentimiento de confusión, "Bethesda." En este momento, pensé que el dueño tendría un ataque del corazón. "Bethesda!" el exclamo. "Viví en Bethesda por siete anos, y me encanta Bethesda! Tengo familia en Bethesda en este momento!"
Bethesda, Maryland es un lugar grande, y mientras es una coincidencia extraño, no es algo imposible. Fue una sorpresa para mi, pero no era tan emocionada como el dueño. A este tiempo, mi sándwich fue listo, pero el dueño no era preocupada con esto. "Siéntate!" el dijo. "Un muchacho de Bethesda es un amigo en este restaurante!" Porque no quise ser rudo, me sentí en la silla. "Acá, acá! Un regalito para vos!" El dueño puso dos galletas y un porción de torta chocolate grande en un plato. "Bethesda!" el exclamó. Las galletas y la torta eran muy ricos. Era una entrada grande y dulce, y no tenia mucho espacio en mi estomago por el sándwich de lomito. Sin embargo, no era un problema - es imposible para decir "no" a postre gratis.
Después del postre, me di gracias al dueño muchas veces, pague por la sándwich, y salí el restaurante. Antes de salí, el me dio un abrazo grande. "Postre gratis acá cuando quieres, mi amigo nuevo!" Fue un gesture muy amable. El dueño, sin embargo, no supo que trabajo una media cuadra afuera el restaurante, tres días por semana, y que estoy acá en Buenos Aires hasta diciembre!

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